Los estudios demuestran que escribir y traducir se encuentran entre las tareas con unas puntuaciones de aplicabilidad de la IA más altas, lo que implica que la IA funciona extremadamente bien en estas áreas. Con ello se plantea una preocupación legítima: ¿la IA lo hará mejor que los traductores y los escritores? ¿Ya ha llegado ese momento? ¿Los lectores deberían depender más (o menos) de la IA?
Para muchos directivos, la presión es real: utilizan la IA para reducir costes, aumentar la eficiencia y, de algún modo, hacer más con menos.
En el Consejo Asesor de Clientes más reciente, quedó claro un mensaje: la calidad no es negociable. Los clientes quieren trabajar con IA, pero quieren que participen humanos para garantizar la precisión y la fiabilidad de marca.
El reto reside en la constante lucha de tres prioridades:
Calidad
Velocidad
Costes
Si la calidad no fuese importante, las empresas emplearían la traducción automática para todo. Si no importasen la velocidad ni los costes, los humanos podrían encargarse de todo. Sin embargo, el volumen de contenido sigue creciendo y los equipos de revisión no pueden seguir el ritmo.
El principal obstáculo es la revisión humana.
En palabras de un cliente: «los validadores humanos están sobrecargados, necesitamos automatización para reducir la carga de trabajo y acelerar las publicaciones».
Esto indica que los traductores y los escritores no son algo del pasado, sino que su papel está cambiando. La automatización permite a las empresas traducir mucho más que antes, lo que aumenta la cada vez mayor carga de trabajo de revisión y validación de los traductores.
Enfoque de los esfuerzos humanos en lo que importa
Cuando localizamos nuestro sitio web en verano, la carga de trabajo fue intensa, pero pudo gestionarse porque revisamos únicamente aquello que requería atención humana. El contenido de alto valor pasó por traducción creativa y revisión. Otros tipos de contenido no precisaban el mismo nivel de atención.
¿Qué aprendimos? Que la calidad no debería ser un concepto fijo.
Invertir mucho en contenido de poco valor es un desperdicio de recursos. Por el contrario, invertir poco en contenido de gran valor conlleva riesgos.
Las organizaciones deberían preguntarse lo siguiente: ¿Qué nivel de calidad requiere cada tipo de contenido si se tienen en cuenta las limitaciones de presupuesto y tiempo?
Entiéndelo bien, y así podrás liberar la experiencia humana para que se centre en aquello donde tiene mayor impacto.
Los traductores aportan más valor que nunca
Los traductores no son algo del pasado. Su papel está cambiando. Pasan menos tiempo traduciendo y más tiempo revisando, pero su opinión es más valiosa que nunca. No se trata únicamente de la conclusión lógica a la que llegamos al observar los requisitos de calidad de las empresas que producen contenido multilingüe, sino también de lo que observamos en la práctica con nuestros propios clientes.
La clave reside en la intencionalidad. Los directivos deben decidir dónde añadir eficiencia con la IA y dónde debe entrar en juego el talento humano para garantizar la precisión, el cumplimiento y la alineación con la marca.
La verdadera oportunidad reside en la elección del nivel adecuado de calidad para cada tipo de contenido. Las organizaciones que encuentren el equilibrio liberarán de presión a los equipos y los presupuestos mientras ofrecen contenido que funcione.
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